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La neurociencia aplicada al campo educativo nos ayuda a la toma de decisiones a la hora de consolidar la memoria y, por tanto, el aprendizaje. La doctora en neurociencia Marta Portero, señaló en la charla que impartió para el programa ‘Coneguem els nostres parcs’ la importancia de incluir las evidencias científicas cuando se diseñan actividades y recursos educativos.

El pasado mes de junio los técnicos, coordinadores y responsables del programa pedagógico Coneguem els Nostres Parcs de la Diputación de Barcelona, ​​disfrutaron de la charla que Marta Portero hizo sobre neurociencia y aprendizaje. La conferencia, propuesta y organizada por parte de Lavola como coordinadores del programa educativo, tuvo lugar con motivo de la clausura del curso escolar durante la jornada de balance del programa.

La neurocientífica e investigadora del Instituto de Neurociencias de la Universitat Autònoma de Barcelona, ​​compartió las claves del funcionamiento del cerebro, un órgano plástico que constituye la base del aprendizaje a partir de las experiencias que vivimos. Conocer las funciones mentales y su interdependencia, nos ayuda a mejorar la práctica y la innovación educativa a la hora de diseñar actividades, enfocar la metodología o plantear su dinamización.

Partiendo de la certeza de que el aprendizaje está totalmente ligado a la memoria, los factores de consolidación de la memoria son fundamentales para formar memorias a largo plazo. El cerebro pero, evoluciona en las diferentes etapas de la vida de la persona y va madurando progresivamente. Por lo tanto hay que tener en cuenta el desarrollo de este órgano en las diferentes edades de la educación formal para dirigirnos al público escolar; los principales destinatarios de las actividades educativas que se idean y se dinamizan desde Lavola.

Así pues, por ejemplo, en los primeros años de vida el cerebro del niño tiene mucha actividad y se generan muchísimas conexiones sinápticas entras neuronas. En términos educativos la estimulación es positiva porque motiva el desarrollo neuronal pero hay que tener en cuenta que un exceso de estimulación podría conllevar ciertos niveles de estrés. Conviene pues que las actividades dirigidas a los niños de educación infantil sean estimulantes pero no excitantes. Tal como evidencian diferentes estudios, las actividades en contacto con entornos naturales contribuyen a reducir el estrés, mejoran las relaciones sociales, fomentan la creatividad, la motricidad y la autonomía, junto con otros aspectos emocionales e intelectuales.

En cambio, a partir la etapa de la educación primaria, concretamente entre los 6-7 años y hasta la adolescencia, la actividad neuronal se reduce progresivamente y tiene lugar lo que se conoce como la poda neuronal. Afirmaba Portero que aproximadamente el 50% de las conexiones sinápticas eliminan priorizando lo útil y significativo para la adaptación de la persona en su entorno. Para contribuir a la poda neuronal es positivo ofrecer actividades educativas que refuercen el aprendizaje simbólico (el lenguaje, la lectura, la escritura, la música, la abstracción o el pensamiento lógico, deductivo y el razonamiento matemático) y otras funciones cognitivas complejas como la toma de decisiones, la planificación, la autoevaluación, el diálogo, etc. La metodología tinkering asociada a conocimientos científicos, tecnológicos y matemáticos puede ser una propuesta interesante a tener en cuenta en esta etapa. A Lavola se apuesta firmemente por esta metodología educativa a la hora de diseñar talleres y actividades para niños de 6 a 12 años en museos y centros de ciencia, aquí puede ver algún ejemplo.

En la adolescencia sigue teniendo lugar la poda neuronal, pero como explica Marta Portero, entra en juego la actividad socioemocional y el circuito de refuerzo y recompensa. El cerebro adolescente gira en torno a lo que hace le hace sentir placer, es más impulsivo, busca la novedad y esto actúa como un motor de aprendizaje. Es positivo reforzar la autonomía del alumnado e implicarlo en la toma de decisiones a la hora de plantearles propuestas educativas. Explica Portero que para aprender conviene está un poco estresados, tener un cierto nivel de activación fisiológica (lo que se conoce como «arousal» en términos neuronales) que nos mantenga activos pero no sobre estimulados. En este sentido, las actividades que incorporan la gamificación como elemento innovador y motivacional son bien recibidas, aunque afirma Portero que esto no implica necesariamente la consolidación del aprendizaje; previamente debe haber una explicación o información que haya despertado la curiosidad del alumnado. A Lavola tenemos experiencia en el diseño de actividades que incorporan la innovación usando nuevas tecnologías de realidad virtual y de realidad aumentada, aplicadas a metodologías basadas en juegos de escape room o bien en aplicaciones digitales. También hemos desarrollado Itinerapp, una herramienta digital que favorece la interacción del visitante durante las visitas a equipamientos, espacios e instalaciones.

Sin embargo hay que tener en cuenta que la sobre estimulación puede ir en detrimento de la atención, que es un factor fundamental para que haya aprendizaje. Para generarla hay que trabajar la tarea que se lleva a cabo, la motivación para realizarla y la activación de la persona que la hace. En este sentido, los espacios naturales son lugares suficientemente activos para estar estresado en términos positivos y, al mismo tiempo, son lugares tranquilos en los que el cerebro tiene pocos estímulos que deba inhibir para evitar distracciones, favoreciendo la concentración. Los estímulos sensoriales ligados a la experimentaciónmotora también ayudan a consolidar el recuerdo del aprendizaje realizado. Precisamente en los espacios naturales los sentidos están totalmente expuestos a nuevos estímulos, como puede ser la vista de nuevos paisajes y colores, olores diferentes de las habituales, tactos y texturas de la vegetación y del terreno, etc. El programa Coneguem els nostres parcs es un buenísimo ejemplo.

L La activación de las emociones es también un factor destacable para el aprendizaje, sin embargo Portero señala que no hay que vivir situaciones emocionantes para aprender, mientras que sí ayuda si previamente se ha tenido curiosidad por lo que hemos conocido o descubierto, así como lo hace el hecho de reconocer el aprendizaje que se ha llevado a cabo. En este sentido, compartir el aprendizaje (diferente del aprendizaje cooperativo), exponerlo en formatos diversos, potencia el cerebro social. También lo hace el hecho de integrar y relacionar los nuevos aprendizajes en aquellos que ya sabemos. Una manera de hacerlo es potenciando la experiencia previa del alumnado o bien conectarla con la realidad, como se hace con los proyectos de servicio comunitario mediante la metodología de aprendizaje servicio. Precisamente el próximo curso se impulsa esta tipología de proyectos en el marco de los programas educativos Com funciona Barcelona? y Compartim un futur en los que colaboraremos activamente.

En definitiva, durante su charla Marta Portero activó todos y cada uno de los factores que ayudan al aprendizaje y los asistentes aprendimos mucho, consolidando en nuestra memoria una serie de buenas prácticas que son reveladoras para nuestra labor educativa. Así pues, en el momento de plantear el diseño de una actividad o de un taller ya la hora de dinamizar una visita, la neurociencia nos aporta argumentos y razones contrastadas que mejoran las soluciones educativas y pedagógicas que aportamos a nuestros clientes, haciendo que ganen en efectividad e implicación emocional, y tenga mayor impacto significativo por el público final que disfrutará.

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